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El arte de hacer Críticas

Saber hacer y recibir críticas se convierte en una clave de las relaciones humanas, si tenemos en cuenta que cada persona tiene su propia opinión y sensibilidad a cerca de las cosas. Por este motivo, y con toda seguridad, más tarde o más temprano surgirán los desacuerdos. Esto es natural, por lo que este desacuerdo no tendría por qué acabar necesariamente en un conflicto.

Estos desacuerdos y conflictos son una parte importante del recorrido de la especie humana y son una fricción necesaria para que se dé la evolución. Esta se produce en la medida en que somos capaces de manejar y resolver esos conflictos en una dinámica de cooperación y confrontación que se van alternando a cada tiempo. Hacer y recibir críticas, en definitiva, la resolución de conflictos, implica desarrollar habilidades sociales y de comunicación y esto se puede aplicar en todos los ámbitos de las relaciones humanas: familia, pareja, amistades, relaciones laborales y de empresa, igualmente en lo que se refiere a todo lo que tiene que ver con las relaciones entre los diferentes países dentro de la comunidad internacional.

El objetivo lógico de hacer una crítica es que la conducta que se crítica no vuelva a producirse. Si nos critican a nosotros podemos aprovechar esa información, y si nos parece correcto, cambiar nuestra conducta. Si queremos criticar a otros, nos interesa saber expresar lo que pensamos y sentimos para no quedarnos insatisfechos. Al mismo tiempo si no sabemos hacer una crítica privaremos al otro de una opinión que podría beneficiarlo si es capaz de escucharla y hacer algo con esa información.

Todos tenemos aspectos de nuestro comportamiento del cual no nos damos cuenta, por lo que solamente podemos saber algo a cerca de ello, si otra persona nos lo dice.

Si no sabemos recibir una crítica, porque nos incomoda o no queremos escuchar lo que no nos gusta, perdemos la posibilidad de saber algo a cerca de nosotros mismos y cambiarlo si nos parece bien, y finalmente utilizar todo esto para tener relaciones más positivas. Lo mismo ocurrirá si no sabemos criticar a otros.


¿Cómo hacemos una crítica?
Antes de soltar una crítica deberíamos preguntarnos si sirve para algo, si nos incumbe, si merece la pena en algún Antes de soltar una crítica deberíamos preguntarnos si sirve para algo, si nos incumbe, si merece la pena en algún sentido, independientemente de la opinión que tengamos de la persona a quién vamos a criticar. También hay que entender, que una cosa es lo que criticamos, digamos el contenido de esa crítica, y otra distinta la persona a quién dirigimos esa crítica. Todo esto nos aclarará cual es nuestra verdadera intención.

En principio, es mucho más importante -cómo se dice- que, -qué se dice-. La carga emocional con la que decimos algo se refleja de manera natural y espontanea en el tono de la voz, la mirada, los gestos y esto es lo que verdaderamente llega a las personas, más allá de las palabras que pronunciemos.

Uno de los problemas principales es que la crítica tiende a ser un juicio generalizado; Sin darnos cuenta juzgamos a Uno de los problemas principales es que la crítica tiende a ser un juicio generalizado; Sin darnos cuenta juzgamos a la persona por algo que hizo, o que dijo, que supuestamente es erróneo y de esta manera se transmite la idea que esa persona no es válida. A veces, incluso, se usan expresiones como “me has fallado” o “no esperaba esto de ti” y así se pone el acento en la persona y no en lo criticado. En este sentido la crítica debería ser específica, referida a un aspecto concreto de la conducta de una persona.

Si empezamos una crítica anunciando que diremos algo negativo, por ejemplo: “me sabe mal decirte esto…” o “siento decirte que…” solo conseguiremos que la persona se ponga a la defensiva desde el primer momento. Este tipo de expresiones tiene una fuerte carga emocional y son muy molestas para que el que la escucha.

Por otro lado, es importante darnos cuenta que importancia le damos nosotros mismos a la crítica que queremos hacer. Si lo hacemos -como de paso- el otro puede tomárselo como una “indirecta” y sentirse incomodo y molesto porque no hay claridad en lo que se está diciendo. Por contraste, si exageramos el énfasis, la otra persona puede intimidarse y sentirse herida.

A menudo, cuando criticamos, solemos dar el mismo valor a todo; por ejemplo, “esto no funcionará” o “esto no es realista” y de esta manera no damos al otro ninguna opción distinta a estar de acuerdo o en desacuerdo. Esto fomenta la polarización y abre la puerta al conflicto.

El arte de hacer una crítica consiste en conseguir que la otra persona no se sienta etiquetada. Hemos de hacer llegar el mensaje de que no estamos juzgándola, sino mostrándole una faceta concreta que podría cambiar si lo ve oportuno.

Por otro lado, y esto es fundamental, uno debería hablar para ser entendido y asegurase de que efectivamente esto sucede. Esto supone elegir muy bien las palabras que vamos a emplear con cuidado y respeto, por lo que siempre merece la pena calcular el efecto de las palabras que vamos a pronunciar.

Cuando una persona incorpora todas estas ideas al hacer una crítica, puede llegar a conseguir hacerla, sin que el otro, casi ni se dé cuenta. Este es el arte de hacer una crítica.

¿Cómo recibir una crítica?

En general a nadie le gusta ser criticado, así que normalmente se adopta una actitud defensiva y reacia para aceptar lo que nos digan. Así pues, un buen punto de partida es reconocer que no somos perfectos (nadie lo es) por lo tanto se nos puede criticar. Cometemos errores, pero eso no representa la condición total de nuestra persona.
Por lo demás, una crítica es solo la opinión que alguien tiene sobre nosotros. Si es válida, y tiene interés para nosotros, escucharla no puede hacernos daño, pues ya hemos aceptado que no somos perfectos. Si no es correcto o cierto, lo que nos critican y proviene de una interpretación equivocada sobre nosotros, lo sensato es ignorar la crítica y a quien la hace. De todas maneras, hagamos las cosas bien o mal, siempre habrá cualquier tipo de opiniones a cerca de nosotros.

Aprovechar una crítica en algún sentido y poder sentirnos tranquilos mientras la escuchamos, aunque sea en momentos de tensión y estrés, supone ser –un buen escucha- y atender lo que nos dicen con verdadero interés, sin caer en la tentación de interrumpir para defendernos. Es básicamente la habilidad de -sólo escuchar-, de manera activa y consciente, digan lo que digan. Se trata de poder parar el pensamiento interno que ya se está preparado para contestar en una actitud de contraataque. Aquí las emociones juegan un papel muy importante. Si son muy intensas, se dificulta escuchar atentamente.

Debemos saber diferenciar, el contenido de la crítica y la carga emotiva que trae consigo, que en algún caso puede ser negativa o injusta. Esto es muy importante porque la emoción que experimentemos al escuchar la crítica influye poderosamente en el significado que le demos. Esta diferencia entre contenido de la crítica y la emoción que lleva adosada se percibe en bloque, pero en realidad son cosas distintas. Podría ocurrir que nos hagan una crítica muy acertada pero hecha de forma negativa o con mala educación. Nos sentiremos heridos por el mal tono y no podremos analizar lo criticado de manera objetiva, aunque sea cierto y pudiera sernos útil.

Básicamente se trata de no tomarse una crítica como algo personal, sea como sea la manera en que nos critican. Para que esto sea posible tenemos que gestionar nuestras emociones, saber regularlas a nuestra conveniencia, para poder hacer lo queremos hacer.

Por último, nos corresponde analizar el valor de la crítica en sí misma, al margen de la opinión que tengamos de la persona que la hace. Si lo criticado es cierto y correcto, debemos saber pedir disculpas y tratar de cambiar la conducta criticada.

Poca gente pide disculpas por sus errores. En general disculparse hace sentirse mal a quién lo hace, porque se ve como una mala persona. Pedir perdón, por el contrario, engrandece a quién lo pide y le hace mejor.

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