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¿Por qué enfermamos?

Este es uno de esos temas, del que está todo dicho y del que siempre se puede decir algo más. Hoy día diversas ciencias se asocian buscando un marco de trabajo más holístico, asumiendo que todas las cosas se influyen unas a otras y que para entender a un enfermo concreto que ha perdido su salud es necesario un marco de visión más amplio. Así tenemos una visión que combina la Psicología, el Sistema Nervioso, el Sistema Inmune y la Bioquímica del cuerpo:

La Psico-neuro-inmuno-endocrinología es el largo nombre de esta nueva ciencia y se basa en 5 principios básicos:
1- El mundo es una reacción del observador.
2- El cuerpo es información y energía.
3- La mente, el cuerpo y el espíritu son inseparables.
4- La bioquímica del cuerpo es un producto de la conciencia.
5- La forma de percibir es un fenómeno aprendido.

Esta ciencia pone de manifiesto la influencia de factores psicosociales en la respuesta inmunológica. Esto quiere decir que enfermamos por la manera en que percibimos los acontecimientos, el modo en el que psicológicamente valoramos las cosas personales y de nuestro entorno. Cuando esta percepción de las cosas es muy negativa pueden acabar deprimiendo nuestro sistema inmunológico, llegando incluso a un nivel celular y de la química de nuestro cuerpo, y esto nos hace más vulnerable. Este es el punto de entrada de cualquier tipo de enfermedad. A esto hay que añadir que la forma en que percibimos la realidad es algo aprendido porque proviene de nuestra educación familiar y cultural y estos son aspectos psicosociales.
El cuerpo siempre nos está diciendo algo, es un holograma completo con diferentes facetas donde cada una de ellas influye a las demás en un movimiento de ida y vuelta constante. Nuestros pensamientos, emociones y el cuerpo que habitan siempre están proyectando hacia afuera la calidad de nuestro estado general como persona.
El cuerpo depende íntegramente de como te sientes emocionalmente y esto depende a su vez de tu percepción de la realidad. En este sentido es muy importante cuidar la información que recibes, o dicha de otra forma, a qué tipo de estímulos te expones voluntariamente, porque de esta forma puedes, elegir el mundo que vives, al menos hasta un cierto punto.
Por ejemplo, la realidad política y social que vivimos hoy día es ciertamente muy frustrante, a esto hay que añadir el bombardeo de información de todo tipo al que estamos sometidos. En la práctica tanta información es mucho más de la que podemos procesar, provocando esto una gran presión psicológica, en un contexto, que además se desenvuelve en una dinámica de gran competencia.
Esta presión se materializa en multitud de cosas de nuestra vida cotidiana: las expectativas que tenemos en el mundo del trabajo y nuestro poder adquisitivo, nuestra capacidad de llevar adelante nuestros proyectos, la calidad de nuestras relaciones familiares, afectivas y sexuales etc. Todo esto envuelto en una especie de supuesta “obligación al éxito” que nos presiona más todavía y que en el fondo nos se sabe muy bien que es este supuesto -éxito-.
Probablemente el origen de todas las problemáticas y contradicciones humanas consista en la penosa contradicción entre «lo que es» y «lo que uno piensa que debería ser». Nuestra capacidad de aceptar los hechos tal como vienen y poder verlos de otra manera, el poder elegir los estímulos a los cuales nos sometemos, el tomar decisiones de forma proactiva; es decir -ir al encuentro- de lo que verdaderamente queremos, todo esto es determinante a la hora de observar como es nuestro estado de salud.
Por tanto, la cuestión emocional es decisiva para la salud general de una persona, pues hasta influye directamente en el sistema inmunológico que es la puerta de entrada de todas las enfermedades. Si alguien alberga contradicciones y emociones negativas, que son intensas y se prolongan en el tiempo, y no hace nada, entonces esa persona empieza a deteriorar su salud.
En efecto, una de las claves de la salud es la calidad de nuestras emociones porque estas condicionan nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos dentro de él. Es preciso disponer de un -corazón inteligente- que nos permita filtrar la realidad. También tenemos que aceptar que nuestra vida en esencia es, -lo que estamos haciendo con ella-, y eso es nuestra responsabilidad. Lo que sea que me está afectando es mío, yo soy el autor y está en mi vida y no en la del otro. Lo que la vida me pone por delante me pertenece.
Seguramente el objetivo de la vida no es la felicidad, tal como se dice continuamente, sino mas bien, saber estar en paz con uno mismo y con la propia realidad y así podemos decir que el ideal de una buena salud es llegar a viejo y morirse sano.

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